El campeón se va de fiesta

El Bernabéu bajó el telón de la Liga, de la primera competición que gana el Real Madrid de Schuster tras la reconstrucción que realizó Fabio Capello. Dominada de principio a fin y con pocos momentos de flaqueo, el madridismo saborea el segundo título doméstico consecutivo. La próxima temporada las exigencias serán mayores.

El Levante era el invitado especial a la fiesta. Hizo honores al campeón, al que recibió con pasillo, se defendió con dignidad pero no pudo evitar una goleada esperada, tras mantener la huelga hasta el último instante y no entrenar un sólo día de una semana atípica.

Sin tensión arrancó un partido de fin de curso en el que el Real Madrid había acabado sus deberes y el Levante había suspendido. La defensa de cinco visitante era el parapeto ante el equipo madridista, que buscaba diversión.

La actitud era radicalmente opuesta al día del Barcelona. Aquel día ya estaba la Liga ganada, pero el ímpetu de golear al eterno rival no estaba presente sobre el césped, aunque la inercia del partido y la clara superioridad acabó encadenando un gol tras otro.

El Real Madrid fue el dueño del balón. Tocó sin cansarse, con Guti de maestro de ceremonias, y la plantilla blanca disfrutando. Todos menos dos jugadores: Robinho, que sigue ausente, y Raúl, que no estaba para festejos tras quedarse fuera de la lista de Luis Aragonés para disputar la Eurocopa.

Robinho desperdiciaba las primeras ocasiones ante un Bernabéu frío. Hasta el minuto 18 no sonó el grito de “campeones, campeones” en la grada. Se estrenaba en la portería Jordi Codina. A buen nivel. Comenzó con una parada a un tiro potente de Courtois, previo al primer gol del partido.

Sergio Ramos cabeceó un saque de esquina en el minuto 23 y, a placer, Van Nistelrooy lo envió a la red en el segundo palo. Cuatro minutos después, el defensa andaluz materializaba el segundo rematando con potencia un centro medido de Guti, el rey de las asistencias en Liga.

Intentaba reaccionar el Levante, a base de orgullo, pero los intentos de Geijo acababan siempre en Codina. Antes del descanso llegaba el tercero. De nuevo Van Nistelrooy. De nuevo a placer, tras tiro de Robinho.

Si había poca motivación en la primera mitad, en la segunda con todo sentenciado bajó aún más el nivel de exigencia. Provocó que los dos equipos buscasen el gol continuamente y dejasen al espectador tantos bonitos.

El mejor el de Sneijder, aunque antes había llegado el primer gesto de cariño de la afición del Bernabéu a unos jugadores, los del Levante, que están pasándolo mal tras muchos meses sin cobrar. Rubiales hacía la jugada de su vida en el costado izquierdo, y tras marcharse con habilidad de tres rivales, sirvió en bandeja el gol a Geijo. La ovación aumentó cuando todos los jugadores hicieron una piña de unión en la celebración.

Segundos después llegó el golazo de la noche. Wesley Sneijder colocó en la escuadra una falta lanzada con potencia, rosca y colocación. La ola llegaba al Bernabéu, que volvía a ovacionar al Levante, en el segundo gol de Geijo, y celebraba el gol final, con un nuevo cabezazo de Sergio Ramos.

Fue la despedida con dignidad del Levante de Primera división y el fin de fiesta de un Real Madrid triunfador en Liga, que hizo de la unión del vestuario el secreto de su éxito, al que se le comienzan a exigir desde ahora cotas mayores. La décima es el próximo sueño a hacer realidad.

Fuente: http://www.as.com

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