A la Eurocopa sin presumir

La prisa nos hizo mejores. La angustia, la cercanía del fracaso. Después de una primera parte vulgar y cuando ya se habían escuchado pitos en contra del juego del equipo, la Selección se sintió preparada. Sólo entonces se liberó de la pereza, del papeleo y del amistoso. Se agitó, jugó un poco y terminamos ganando fácil. Somos así y en eso radica nuestra esperanza: cuanto peor, mejor.

Como el gol de Xavi fue hermoso nos quedó buen sabor de boca. Quien está llamado a pensar, ejecutó una jugada fantástica: controló la pelota y se giró de tacón, para ahorrar tiempo; luego burló a los centrales con la mirada y convirtió el gol en un asunto menor.

Sin embargo, conviene hacer memoria. Algo nos ocurre cuando es el momento de exponer nuestro plan. Entonces tocamos sin sentido, sin ansia, sin verticalidad. Y nuestro fútbol acaba siendo un discurso de Mariano Ozores. Hablamos mucho, pero no decimos nada. Xavi asume un protagonismo absoluto en el movimiento del balón y sobre el papel tendríamos poco que oponer si no fuera porque apenas avanzamos. Hacemos un fútbol de control que no encuentra desarrollo ni último pase. Todo eso ocurrió en la primera parte.

Novedad. La presencia de Cazorla mejoró el dibujo porque ensanchó el campo. Nos sirvió para reconocer que el problema no es ese. Porque las dificultades nacen de la salida del balón. En ese trance somos lentos y melindrosos. Escasean los pases en largo, los gritos. Casi todo son secretos al oído, entregas en la mano.

Y la presión adelantada de Estados Unidos nos agravó los achaques. Al sentir que sólo podemos escapar tocando, los riesgos se multiplican y los rivales también. Cuentan que una de las ventajas de Hernán Cortés en la conquista de México fue que los aztecas tenían como objetivo atrapar al enemigo y los conquistadores matarlo. Esa diferencia filosófica se plantea entre la España que toca y los equipos que pegan.

No es que Estados Unidos sea un dechado de virtudes, pero tiene las justas. Es una selección pulcramente ordenada y con eso suple a los talentos fastuosos. Y una vez que tiene el balón resulta directa. Eso bastó para ponernos en apuros.

Después de un cabezazo de Xavi que atrapó Howard, los estadounidenses nos perdieron el miedo, si es que lo tuvieron alguna vez. Habían pasado sólo ocho minutos. Poco después, Adu dio muestras de sus condiciones en una incursión en el área que fue un curso de activación de explosivos. Nadie alcanzó su envío por aquellas cosas del destino.

El siguiente tiro de España no llegó hasta los 23 minutos: Torres se revolvió en una baldosa y su disparo lo detuvo Howard. No se recuerdan más lanzamientos entre los palos durante la primera parte. Lo que nos cuesta olvidar es una carrera de Johnson que dejó evidencia a Puyol y los pitos de El Sardinero ante la inoperancia de la Selección.

En la segunda parte cambiamos por completo y sólo nos queda por saber quiénes somos en realidad. Güiza, Senna, De la Red y Fernando Navarro fueron las caras nuevas en ese tramo y su entrada coincidió con un ritmo más vigoroso. Insisto en la influencia del tiempo, del apuro, de la crítica. Pero ellos estaban allí cuando reaccionó el equipo.

Fin del imperio. Ese redoble aniquiló a los americanos, que se retrasaron varios metros y se precipitaron en su propia trinchera. Antes del desplome, Johnson disfrutó de una ocasión fabulosa, pero remató con las pestañas un balón que pedía cabeza o extremidad sólida. La bota de Marchena intimidó al delantero, que volaba como una mariposa y balaba como una oveja.

A partir de ese instante, las ocasiones de España se sucedieron. A los 63 minutos, Xavi hizo temblar el larguero en un lanzamiento de falta. A los 67 Senna estrelló el balón en el palo después de una triangulación brillante en la que participaron Xavi, Güiza, Cesc y el propio rematador. Acto seguido el árbitro albanés pasó por alto un penalti a Cazorla, que no cayó por bajito sino por patada.

Sólo era cuestión de tiempo. Y el cántaro lo rompió Xavi, aunque pudo ser otro cualquiera porque en los minutos del viento favorable somos multitud. Pudieron llegar más goles porque los americanos estaban obsesionados con evitar más goles.

El pitido final nos sorprendió con una sonrisa. Habíamos evitado un problema, un empate que se hubiera entendido como un mal presagio. El resultado importa porque es nuestra tarjeta ante Europa, que no habrá visto estos partidos y tendremos suerte de que así sea.

La fama también cuenta, el rumor que te precede. España gana jugando bien y jugando mal, eso dirán. Lo que no imaginan es que la soga al cuello es la cuerda de nuestra esperanza.

Para ver el resumen pincha aqui

Fuente: http://www.as.com

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