Villa, el 7 de España

Inmejorable comienzo de viaje de España por esta Eurocopa. Con este contundente triunfo sobre Rusia, que pagó su falta de pegada, se acaba el debate, si es que todavía alguien lo quería mantener vivo, sobre el 7 de España. Es Villa y después de su hat-trick nadie se atreverá a discutirlo.

Salió España a buscar el balón, a imponer ese toque que le ha traído hasta la Eurocopa y por primera vez en mucho tiempo le ha convertido en un equipo reconocible. Delante se encontró con una selección que también vive de la pelota, que la acaricia y la mima. Rusia sabe que el balón te devuelve todo lo que le das. Pero lo que no garantiza el toque es el gol. Te da el control y te permite mirar con alivio a tu defensa, pero no es suficiente para ganar.

La diferencia en el fútbol la establece el gol y el gol, esta vez, fue de España. Cuando dos selecciones juegan con las mismas armas, quien más lucidez tiene frente a la portería rival es el que marca las distancias. Y nadie pareció más lúcido en el Tivoli Neu que David Villa. El delantero del Valencia le quitó la ansiedad a España y le robó la ilusión a Rusia, un combinado que gustó y dejó detalles de equipo con clase y bien trabajado. Sin embargo, como le viene ocurriendo a España, su defensa no estuvo a la altura de su buen centro del campo. En ataque Pavlyuchenko se movió con inteligencia, se dejó caer a los costados y supo ganar la espalda de los centrales, en especial de Marchena, pero delantero del Spartak está un peldaño por debajo de su compañero Arshavin, el mejor futbolista que tiene Guus Hiddink a sus órdenes y que no pudo actuar por sanción.

Las críticas recibidas durante la fase de preparación para esta Eurocopa no afectaron a la Selección, que no traicionó su estilo y se mantuvo firme en sus convicciones. Hay una idea de equipo, de cómo se quiere llegar al gol. Esperemos que si se llega a la ruleta rusa de los cuartos, se mantenga igual de firme esta apuesta por un estilo propio, con independencia del rival.

Toque y espacios

La tocó España una y otra vez, abusando de los pases horizontales, sin arriesgar en los envíos, pero cuando todo invitaba a ver una Selección tan previsible como ante Estados Unidos, fue capaz de introducir una velocidad más, de romper el ritmo suave y demasiado pausado. Apareció esa variante que tanto se echaba de menos, ese pase en profundidad para romper la monotonía y presentar en sociedad en esta Eurocopa a Fernando Torres y David Villa. Capdevila se inventó un pase espectacular a Torres, que ganó el espacio con enorme facilidad a Kolodin, al que desparramó por el suelo con un recorte. Cuando sólo tenía delante a Akinfeev, el Niño le cedió el gol a Villa, que acompañó la jugada con inteligencia y comenzó a escanciar sidra en Austria.

El gol demostró que esta Selección vive del toque, pero se hace grande cuando tiene espacios por delante. Cuando Torres y Villa se sienten libres y retan por velocidad a sus marcadores. Y ahí, la aparición de los laterales se antoja tan fundamental como la de los centrocampistas. Volvieron a estar tímidos en las subidas Sergio Ramos y Capdevila, pero cuando se dejaron ver en campo ruso, el ataque lo agradeció. Conviene alabar el atrevimiento, aunque en ocasiones parezca excesiva osadía o temeridad, de Ramos en los pases largos. Es el único que se decide a intentar romper la defensa rival con un pase en diagonal.

Continuaron los rusos con su juego de toque, de paredes, de pase corto y dinámico, pero todo lo bueno que hicieron en la zona media no lo completaron en ataque. Construyeron bien y finalizaron mal. Todo lo contrario que España, que remató el partido cuando el reloj consumía sus últimos segundos del primer tiempo. En un contragolpe ejecutado con maestría, Iniesta conectó de forma magistral con Villa y éste definió al primer toque, como los buenos. Se acabó ahí toda la oposición de Rusia, que antes se acercó al gol con un remate al palo de Zyryanov.

Aparece Cesc

La segunda parte fue un ejercicio de impotencia de Rusia, incapaz de romper el sistema de defensivo de España, que se replegó para proteger a Casillas y sentenciar al contragolpe. Así llegó el tercero a falta de un cuarto de hora para el final, después de un pase de Cesc Fábregas que Villa convirtió en su tercer gol. Esta vez, las diferencias las marcó Villa, el 7 de España.

Había sustituido 20 minutos antes Cesc a Torres y con ese cambio recuperó España el dibujo que más le gusta a Luis, el 4-1-4-1. No se mostró mucho más Fábregas, que se movió por la derecha, pero tuvo tiempo de completar la cuenta de España con un tanto de cabeza en el tiempo añadido.

Dio aire Luis al equipo con la entrada de Cazorla por el intermitente Iniesta, tan genial en el pase que originó el segundo gol de Villa como ausente durante demasiadas fases del choque. Con todo decidido, Xabi Alonso reemplazó a Silva para ayudar a Senna en el control del balón.

El gol de Pavlyuchenko, casi al final, fue sólo una anécdota en este partido, pero un aviso para el futuro. Un córner muy mal defendido por toda la Selección permitió al delantero del Spartak celebrar un tanto que ya había merecido Rusia antes. Y es que la defensa y, en especial, los centrales volvieron a dejar algunas dudas. Puyol y Marchena sufrieron en el primer tiempo con los movimientos del espigado Pavlyuchenko y con las diagonales de Sychev, Zyryanov y Bilyaletdinov. En la segunda parte, todo fue más cómodo para España.

Fuente: http://www.as.com

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