Una plata amarga

Habrá que esperar al menos cuatro años para bordar la tercera estrella en La Roja. Brasil conquistó ayer su Mundial en la final más igualada y emocionante de la historia. Las dos mejores selecciones del planeta protagonizaron un espectacular duelo de igual a igual en un escenario de ensueño, el Maracanazinho. La batalla sólo se pudo resolver en la lotería de los penaltis. Una moneda tirada al aire… que cayó del lado brasileño.

El encuentro no decepcionó. Brasil llegaba a la final como una locomotora, pero sabía que si alguien podía frenarles esa era la campeona del mundo. Venancio planteó el encuentro de igual a igual ya que intentar frenar a todas las estrellas brasileñas hubiese sido un suicidio. Curtida ya en mil batallas, La Roja supo aguantar la presión de las más de diez mil gargantes que empujaban desde las gradas y no se dejó dejarse impresionar ni cuando Brasil empezaba a merodear el gol. Luis Amado paraba todo el peligro que llegaba a su meta en un primer tiempo donde, a los puntos, los jueces hubiesen dado la victoria a los locales.

Tras la reanudación España averiguó que ayer todo eran pruebas que superar y ningún empujón de apoyo. En una desafortunada jugada, Brasil hizo lo que tanto temía Venancio: adelantarse en el marcador. Un pícaro Marquinho sacaba un córner con la mala fortuna de que rebotaba en la cara de Borja y sorprendía a Amado. El guardameta madrileño había frenado todos los ataques del rival pero no esperaba que el tanto llegara de un compañero.

España despierta.

El tanto no desmoralizó a La Roja, la despertó. Sin tiempo para la celebración brasileña, Torras sacó a pasear el cañón que tiene en su pierna izquierda y fusiló la portería de los anfitriones. España estaba siendo mejor tras el descanso y el ala del Inter Movistar hacía justicia.

Con Falcao lesionado en el banquillo (a pesar de ello se llevó el trofeo al mejor jugador del Mundial) el peso del ataque local recaía en los hombres que militan en la liga española. Schumacher se puso los galones y empezó a probar de nuevo con misiles teledirigidos. Y como Luis Amado es humano, aunque a veces no lo parezca, encajó el segundo. Tras detener dos disparos consecutivos, el tercer rechace cayó a Vinicius que no falló. Nueva ventaja brasileña, más presión, los árbitros no regalaban nada (más bien quitaban) y España volvió a verse, a tres minutos del final, por detrás.

Venancio no dudó y echó el resto. “Kike, tú, de portero-jugador”, ordenaba al de ElPozo. Y de nuevo se hizo justicia. Una jugada en la que se aprovechó la superioridad acabó con Álvaro remachando el balón a la red. El aficionado, verdadero ganador ayer, disfrutaba y recibía la propina de la prórroga. Nuevo choque de espadas que, esta vez, estuvo disminuido por el lógico miedo a perder.

El encuentro llegaba a la conclusión empatado en espectáculo, merecimiento y también en el tanteador. La lotería de los penaltis decidiría el choque. Momento para que el deporte hiciera un homenaje a los porteros reservas. Franklin, sustituto de Tiago en el Malwee y la selección, paraba dos penaltis y se convertía en el héroe local. El último, a Marcelo, que rompió a llorar como hace el que merece ganar y no lo consigue. Fue la viva imagen de España ayer, que no se podrá bordar otra estrella, pero sí regresar a casa con la cabeza bien alta.

Fuente: http://www.as.com

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