Contador, El Señor del Tour

Alberto Contador Velasco, de 26 años, se coronó por segunda vez en París. Desde que Fignon repitió triunfo en 1984 cumplidos los 24 ningún ciclista tan joven había logrado el doblete. Mencionar edades resulta tan inevitable como hacer comparaciones. Porque no hablamos de un éxito que se agote en sí mismo ni de un ganador pasajero. Nos encontramos ante un ciclista a las puertas de la leyenda, sin rivales inquietantes ni debilidades aparentes. Nos hallamos, además, ante un campeón sensato y ordenado, cualidades poco frecuentes en los talentos tan desbordantes.

En esa trayectoria deportiva que tanta gloria promete, el Tour que acaba de finalizar resulta un momento crucial. La razón es que ha representado el primer contacto de Contador con “la maldad”, y utilizo un término rimbombante y conscientemente exagerado. Pero me sirve para describir el juego de intereses que, de un modo u otro, ha amenazado con pervertir la competición.

El primer Tour, el Giro y la Vuelta fueron para Contador desafíos estrictamente deportivos y con rivales diferenciados. La carrera que acaba de terminar simboliza el final de la inocencia. No caben dos jefes en un equipo, ni es posible que un director comparta fidelidades, ni es aconsejable aceptarlo todo. Y en última instancia: es intolerable pedir perdón por ganar.

Habrá quien diga que todo hubiera acabado bien de no haber resucitado Armstrong. Es posible. Nadie podía imaginar su rendimiento y todos debimos hacerlo: a quien no le sobró desprecio le faltó memoria. Y cuando el lobo olfateó el triunfo, superados los Pirineos, se retiraron las caretas.

No ha mejorado la imagen de Armstrong después del Tour, al contrario. Su frialdad en el podio fue indigna, más aún cuando se coronaba a un compañero de equipo. E igualmente reprochables han sido sus críticas a los ataques de Contador, su falsa moralidad. Pero no confundamos otra vez sus miserias personales con su inmenso mérito como deportista. Porque mezclar esas facetas nos dejará sin mitos, de Maradona a Elvis.

La buena noticia es que Contador saldrá más fuerte de la experiencia y en su corazón de buen chico anidará el fuego de la revancha. La próxima temporada no habrá riendas y continuará Armstrong, también Bruyneel, el primer consentidor del abandono. Por cierto, sólo cuando se nos cure la herida podremos medir el beneficio de esta rivalidad en el ciclismo.


Fuente:http://www.as.com

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